sacerdotes católicos

Presentación de varios sacerdotes católicos (del testimonio “Estuve en el infierno)

 

El testimonio de Fabienne es duro. Muestra la inmensa tristeza que embarga una vida vivida lejos de Dios.Pero, más que eso, revela la fuente espiritual de ese malestar que solo una experiencia de la misericordia y del amor divinos permiten conocer.

Qué río de luz y de dulzura penetra en el alma cuando se dejar alcanzar por la misericordia y entra en la vida por los sacramentos!

No deberíamos olvidar jamás la tristeza de nuestros contemporáneos que viven lejos de Dios.

El cristiano puede pensar con una cierta ligereza que los que se abandonan a sus pasiones desordenadas o construyen su vida sobre creencias inciertas y oscuras pueden todavía ser felices. La verdad es muy distinta. Llevan con ellos una profunda tristeza y en el vaivén de sus vidas, son presa del poder de los espíritus malignos que manipulan su libertad.

La alegría que aparentan es por instinto de supervivencia. Es ficticia pero no se revela bajo su verdadera esencia más que cuando la luz entra en el corazón.

No hay entonces nada más fuerte que el testimonio de alguien que ha entrado en la luz después de haber conocido esas tinieblas.

Una sola mirada sobre el Sagrado Corazón (esa pintura donde Jesús muestra la llaga de su Corazón, de donde salen los rayos) y la vida de Fabienne, sedienta de amor y encadenada por sus pasiones, se tambalea.

Jesús la conduce entonces a la fuente de la liberación y de la sanación que son los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía.

¡Ah, si pudiéramos escuchar este testimonio ! Comprenderíamos cuántas liberaciones y cuántas iluminaciones procura el sacramento de la reconciliación.

Como sacerdote he visto centenares de vidas volcarse de las tinieblas a la luz en una sola confesión.

Esto no excluye que se necesite tiempo para consentir progresivamente en no volver a las servidumbres del pecado que reactivan nuestras ataduras con los espíritus malignos.

Los que comparten ese malestar de la antigua vida de Fabienne descrubrirán aquí la cara oculta de muchas prácticas que pensaban eran inocentes.

No son necesariamente las prácticas en sí mismas las que son malas pero, privadas de una verdadera relación con Dios, se erigen en falsa religión y son sendas puertas por las cuales les espíritus malos toman posesión del alma y la atan progresivamente quitándole su libertad.

 

Deberíamos desconfiar siempre de prácticas de las cuales no se conoce claramente “lo” que se manifiesta a través de ellas. Se las designa acertadamente como prácticas ocultas, en el sentido que sirven de parapeto. Detrás de ellas se esconden y operan en realidad espíritus con malas intenciones porque no existe la fuerza impersonal.

Dios es persona, luz, dulzura y ternura, tiene un rostro. ¡Todo rostro que se esconde es sospechoso de hacer una mueca!

No podemos más que invitar a las personas que leerán estas líneas a que desconfíen de toda relación con los espíritus, al margen de una práctica religiosa. ¿Quién se esconde justo detrás de los espíritus o los muertos que hablan por la voz de los médiums? ¿A qué meditación se prestan los que se dicen médiums?

 

El testimonio de Fabienne nos lo explica. Detrás de esas manifestaciones falsamente compasivas de los muertos que se dirigen a los vivos se esconden muy a menudo -por no decir siempre- espíritus malignos. Más tarde o más temprano, esas “consultas” conllevan lo que Fabienne expresa muy bien por haberlo vivido en primera persona: un malestar que mantiene una confusión insoportable para el alma.

Esos espíritus malignos tejen lazos que aprisionan progresivamente la libertad. Este testimonio nos reúne manifestando la cara oculta no solo de nuestros pecados sino también y sobre todo de todas estas prácticas turbias que invaden nuestra sociedad y sustituyen a la verdadera religión.

Prometen el apaciguamiento del malestar que ronda nuestro corazón, herido y sediento de amor, pero nos sumergen en un malestar indefinible.

Cuanto más buscamos liberarnos, más nos sentimos atados y presa de la tristeza.

Cuando la misericordia de Jesús entra en el corazón de Fabienne, descubre en efecto la trastienda del decorado.

Primero su propia responsabilidad -muy importante y muy presente en este testimonio- después el juego de los malos espíritus que buscan entrampar su libertad y se infiltran en su alma hasta poseerla casi enteramente.

Toma consciencia entonces de la ignorancia donde se encuentra y comienza a gustar la verdadera libertad, la luz que ilumina el corazón y sobre todo la ternura infinita de Dios.

En el gran amor de Jesús, Padre Jean-Eudes -Doctor en teología. Con mucho respeto por la experiencia de vida de Fabienne, escribo estas pocas líneas.

Si el Señor Jesús le ha permitido vivir una experiencia mística revelándole Su Dulce Amor, no me corresponde a mí ponerlo en duda sino más bien volver a ver cómo nuestro Señor Jesucristo la ha conducido al corazón de Su Iglesia, lo cual me deja maravillado ante la obra de Dios.

Es por lo que me gustaría retomar las palabras del Papa Francisco el cual dijo: “Dios sorprende siempre, rompe los esquemas, revuelve los proyectos, y dice: ¡confía en mí, no tengas miedo, déjate sorprender, sal de ti mismo y sígueme!”

Es esto lo que ha vivido Fabienne y su testimonio el que nos lleva a nosotros a volvernos a cuestionarnos ante Dios. El papa Francisco nos invita a ello haciendo un examen de conciencia, él nos propone la siguiente reflexión: ¿Me dejo sorprender por Dios, como hizo María, o me encierro en mis seguridades, seguridades materiales, seguridades esprituales, seguridades ideológicas, seguridad en mis proyectos? ¿Dejo verdaderamente a Dios entrar en mi vida? ¿Cómo le respondo?

En el testimonio autobiográfico de Fabienne, Jesús la llama a una fidelidad sin límites y a un “sí” sin condiciones. Si Dios “sorprende con su amor”, pide también “la fidelidad en el hecho de seguirle” y no un “entusiasmo” pasajero para después “tirar la toalla” al primer problema.

En la vida de fe, hay que volver a decir el “sí” inicial “cada día”, siguiendo el ejemplo de María que dijo “sí” a Dios, pero ese “sí” no fue el único, al contrario fue solamente el primero de muchos “sí” pronunciados en su corazón en sus momentos alegres y dolorosos.

Muchos “sí” que alcanzan su cima al pie de la Cruz.

Gracias Fabienne por hacer dicho “sí” tras los pasos de María, y hoy como nos dice el bienaventurado Antoine Chevrier, el que sigue a Jesús llevando la cruz, le seguirá en Su gloria.

Corage, firmeza, y sobre todo gracias por el compromiso y la obediencia a nuestra Santa Madre Iglesia.

Padre Jean Marie – Servidor de la Comunidad.

 

 

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor (Salmos 118:1)

El Señor persigue maravillosamente su obra de amor y de salvación en el seno de la raza humana. Es el mismo ayer, hoy y hasta la consumación de los siglos.

Es aquél que habiendo visto y experimentado visceralmente la miseria de las masas en el desierto, les ofreció pan y peces en abundancia. (Mc 6, 35-44); Es aquél que, habiendo examinado la situación lamentable del ciego de nacimiento, procura la luz a ese cuerpo sumido en las tinieblas desde hace años (Jn 9); es aquél que habiendo visto la debilidad de la carne humana, ofreció el perdón a la mujer adúltera (Jn 8, 11); es aquél que encontró un día de la historia a Saúl, antaño persecutor de la Santa Iglesia, y le asignó la carga del anuncio del evangelio (Hechos 9, 1-28); es también el mismo que escoge manifestarse a nuestra hermana en Cristo Fabienne GUERRERO en otro tiempo versada en el mal y toda clase de abominaciones, para manifestarle su Misericordia y enviarla a proclamar por todas partes la conversión de los pecadores y el recurso a su Divina Misericordia. “¡Honra, alabanza y gloria al Cordero de Dios !” (Ap 5,13)

Fabienne después de su encuentro personal con Cristo en la humildad, la oración, el ayuno y el compartir, ha aceptado vivir en la luz y la verdad, verdad que la hace libre a partir de ahora y le permite rendir un testimonio muy edificante.

Les propongo descubrir las bellas páginas de esta historia que os ayudarán a recuperar y a tomar más en serio la enseñanza de Cristo contenida en la Biblia y en los escritos del Magisterio de la Iglesia. La conversión es una cuestión del ahora y no del futuro: “Éste es el momento favorable, éste es el día de la salvación” (2 Cor 6,2). No sabemos ni el día, ni la hora …

Santa lectura para vosotros, y que la Bendición de Dios os acompañe todos los días de vuestra vida, Amén.

Padre Gilles

 

La conversión para un cristiano, es el descubrimiento de una luz: Dios no es un ser lejano, sino el Padre, Hijo y el Espíritu Santo. Dios el Padre creó un mundo desbordante de bondad y de luz, pero los hombres hieren la creación con el uso orgulloso de su libertad y la sumergen en las tinieblas de una vida sin Dios.

Por tanto son los hombre los que han pecado, el Hijo de Dios mismo se hace hombre para reparar esto y para ofrecer el sacrificio de la Nueva Alianza por el cual derrama su sangre en la Cruz para que los hombres reciban el perdón de Dios.

El Espíritu Santo nos comunica hoy los frutos de la redención por la Iglesia y sus sacramentos, que hacen de nosotros hijos de la luz.

Toda persona convertida irradia esa luz que Dios le hizo reencontrar. Sepamos aprovechar su testimonio.

Padre Pierre – Doctor en teología.

 

La vida de Fabienne es descrita a través de esta obra, sin adornos ni florituras, en su profundidad.

Además de ser un relato autobiográfico, es sobre todo una oración.

He pensado en el Salmo 130 (129) que he recitado esta mañana en la misa y que comienza con estas palabras “Desde lo más hondo”.

Fabienne las tenía ciertamente en su boca cuando escribía “Desde lo más hondo, grito hacia ti, Señor, Señor, escucha mi llamada.

Que tu oído preste atención a los gritos de mi oración.

” Fabienne ha pasado por todas las etapas del declive, de mal en peor (sexo, drogas, incredulidad, magia …) pero quería como todo atleta, alcanzar ella también la meta.

Y de pronto ella que en su vida iba a cien por hora, tuvo una fisura y cayó al suelo. Se puso a llorar, viendo que la victoria se le escapaba.

¡Cuántos esfuerzos engullidos en esta competición! Médicos vinieron a rescatarla, ella rechazó su ayuda. Se ha vuelto a levantar y ha continuado a andar cojeando.

Daba pena verla.

Y, de repente, Dios Padre ha dado al traste con el protocolo y ha salvado todos los obstáculos de seguridad para venir a socorrer a su hija.

La ha tenido en sus brazos y le ha murmurado: “Soy tu Padre ….

Ya no tienes nada que temer. Deja de torturarte… No tienes que hacer lo que haces… “Ella contestó: “Debo hacerlo”.

Esa carrera, es la historia de este libro.

Fabienne quería terminarlo, cueste lo que cueste.

Y pienso que quería terminar esta heroica carrera y que alcanzó la meta. Los espectadores del estadio se han levantado todos para ovacionarla.

Gracias Fabienne, gracias por este acto de heroísmo. No tenías por qué hacerlo.

Pero has pensado en nosotros, los pobres pecadores que te leerán en este momento y que tenemos necesidad de este libro, como de un bote salvavidas.

Padre Patrice Jean – Doctor en filosofía

 

Si os volvéis hacia Dios de corazón y de alma, para vivir en la verdad delante de Él, entonces Él volverá a vosotros y ya nunca más se esconderá “(Tobías 13,6).

Esta palabra de Tobías ha tomado carne en la persona de Fabienne GUERRERO, la autora de este librito que tenéis la gracia especial de leer hoy.

Es de una riqueza inconmensurable y de una profundidad inestimable.

Si queremos acompañar a Cristo en su pasión, miremos lo que Dios ha hecho por nosotros, vayamos por sus caminos.

Solo así Dios mismo humillaría a nuestros enemigos, extendería su mano contra nuestros opresores, nos alimentaría con la flor del trigo y nos colmaría con la miel de la roca.

Perdidos en el laberinto del pecado, de la sectas perniciosas y diabólicas, Dios, por la sangre de su hijo, Jesucristo Nuestro Señor, nos libera.

Esto es exactamente y en palabras simples lo que el autor de este opus comparte con nosotros. Busquemos a Yahvé, mientras se deje encontrar, invoquémosle mientras esté cerca. Que el malvado y el hombre criminal abandonen sus pensamientos. Convirtámonos a Yahvé, el cual tendrá piedad de nosotros (Cf. Is 55,6-7)

Abad Gabriel Alain – Capellán diocesano

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